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Reflexividad, etnografía y Lope de Vega


©/2 Antonio Miguel Nogués Pedregal (2011)

Cuando a principios de la década de los 90 (del siglo XX, como no podría ser de otra manera) comencé a modelar mi tesis doctoral andaba yo sumido en plena deglución de posmodernismo. Mis estudios de posgrado en el departamento de antropología de la Northwestern University a finales de los ochenta, donde tomé el curso “Re-presenting Others” impartido por Helen B. Schwartzman, me pusieron en contacto con el posmodernismo que asolaba el pensamiento antropológico por aquél entonces. Como casi no podía ser de otra manera no pude, quizás no supe o, sencillamente no quise, sustraerme a los efluvios de aquella corriente y a unos atractivos postulados que invitaban a la creatividad intelectual constante a través de legitimar la auto-referencia y la reflexividad como medio para producir conocimiento. Resulta paradójico que en aquella atmósfera me inclinase por escribir una tesina sobre Marx y Weber.

Aunque siempre me había gustado la densidad de M.C. Escher (de quien tengo algún libro) y las repercusiones del segundo teorema de la incompletud de K. Gödel (siempre imposibles para mi capacidad intelectual, por otra parte), me entusiasmé con el “metamagical thinking” de D.R. Hofstadter y aquél “this is the first phrase of this text. And this is the second…” (1985); además, descubrí que este autor había escrito Gödel, Escher and Bach: an eternal golden braid (1973). ¡Precisamente  Bach! un compositor al que escucho casi diariamente desde que el padre Fernando Marrero S.J. nos despertó el gusto por la música poniéndonos el aria de la Suite nº3 o ‘aria en la cuerda de Sol’ (BWV 1068, aquí en versión de M. Suzuki) o el aria en Sol mayor  (Variaciones Goldberg) (BWV 988, 1, aquí en versión de Glenn Gould)  ¡¡No podía ser casualidad!!  Total, que visto el cúmulo de circunstancias que me hacían un guiño, no quise sustraerme al placer literario de relatar mi tesis en primera persona, ni al desafío que suponía para la ortodoxia antropológica sevillana el hecho de presentarme como el informante clave de una etnografía de comunidad (¡anatema!) donde defendía mi propuesta teórica sobre la configuración social de la realidad en contextos turísticos.

Y ¿por qué cuento todo lo anterior? pues sencillamente para dejar por escrito que -como repito en clase- la creación más clara de la reflexividad lírica no está, sin embargo, en ningún autor más o menos contemporáneo, sino en el Siglo de Oro español, y más concretamente en el Soneto a Violante de Lope de Vega. De hecho, en los primeros borradores que hice de mi tesis siempre comenzaba citando estos versos. Me recomendaron, no obstante, que tampoco era necesario tensar la cuerda académica. Al final seguí la sugerencia y en la redacción final de la tesis me censure y dejé solo la referencia a la paradoja de Epiménides.

Bueno a lo que vamos, aquí os dejo para que disfrutéis, tres ejemplos audiovisuales del “Soneto a Violante” y, el cuarto, en su más pura forma textual, incluye también traducciones al inglés:

  1. http://www.youtube.com/watch?v=U3yya5qSR7k&feature=related
  2. http://www.youtube.com/watch?v=cgyrO9Eb0ao
  3. http://www.youtube.com/watch?v=Lqg8CrcIImI&feature=related
  4. http://sonnets.spanish.sbc.edu/Vega_Repente.html

©/2 es el símbolo de la Ley de compartición de la propiedad intelectual que establece en su artículo primero y único que: “La producción intelectual nace con el propósito de ser compartida y, en consecuencia, puede ser reproducida por cualquier medio siempre que el usufructuario asegure la correcta utilización de la misma, no la comercialice, y mencione su procedencia y autoría”.


Sábado, 21 de mayo de 2011