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Tres principios para el consenso


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Pedro S√°nchez promete su cargo como presidente del gobierno

Al hilo de la moci√≥n de censura que ayer hizo presidente del gobierno de Espa√Īa a Pedro S√°nchez…

S√© que es muy dif√≠cil ver la realidad de manera cr√≠tica. De hecho, junto a aprender a tocar un instrumento musical o llegar a hablar un idioma con cierta fluidez, acercarse a la realidad de la manera ¬ęmenos ideol√≥gica posible¬Ľ, es una de las cosas que le lleva m√°s tiempo a cualquier persona. Sin embargo, a poco que se intente, cualquiera que no sea un cetrino, puede llegar a entender otros puntos de vista. Incluso puede llegar a darse cuenta de que la verdad absoluta e inmutable no se halla en ning√ļn sitio ni, mucho menos, en ninguna ideolog√≠a o partido pol√≠tico.

Desafortunadamente, lo m√°s f√°cil y c√≥modo –por cuanto no requiere ning√ļn esfuerzo– es todo lo contrario: pensar que la raz√≥n s√≠ existe y que, adem√°s, los que piensan y son como yo la detentamos. Esto ha pasado en cualquier parte del mundo y a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por supuesto, tambi√©n en Espa√Īa ocurre y ha ocurrido desde hace mucho: ¬ęaqu√≠ yace media Espa√Īa, muri√≥ de la otra media¬Ľ escribi√≥ Larra ¬°en 1836! La obcecaci√≥n y el empecinamiento en la verdad se convierten en los primeros obst√°culos a vencer porque imposibilitan el di√°logo. Nunca me cansar√© de repetirlo: s√≥lo a trav√©s de la palabra y de la raz√≥n (que no otra cosa quiere decir dia-logo) se puede saber qu√© es verdad.

El gobierno del PP estaba moral y √©ticamente podrido. Salvo aquellos que se creen en posesi√≥n de toda la verdad –y por tanto no consideran que otros puedan tener algo de raz√≥n o que sus motivos tengan algo de justicia– nadie puede negar que el gobierno de M punto Rajoy se encontraba en su recta final. Una penosa situaci√≥n que lo convert√≠a en otro claro ejemplo de altivez, prepotencia y soberbia, como tambi√©n lo fueran en sus estertores los gobiernos de Gonz√°lez o de Aznar.¬†Por eso, como si Moncloa fuera la habitaci√≥n de un moribundo contagioso –la imagen la tomo de mi colega David Bernardo– era imprescindible removerlo para airear la habitaci√≥n y sanear un poco el panorama pol√≠tico de Espa√Īa.

Todos los que no somos ni¬†incendiarios contertulios, ni periodistas de trincheras, ni¬†pol√≠ticos profesionales (es decir, todos aquellos que no vivimos de la pol√≠tica porque nuestro sueldo no depende de que ‘nuestro’ partido nos busque un puestecito donde vegetar unos a√Īos o que nos permita comprar un chalecito),¬†debemos hacer un ejercicio de responsabilidad individual para que Espa√Īa concluya la Transici√≥n, y normalice su vida pol√≠tica.

Y ese ejercicio pasa –me atrevo a proponer–por aceptar tres principios a modo de acuerdo de m√≠nimos: (1) que no s√≥lo nosotros podemos llevar¬†toda la raz√≥n, (2) que ni¬†las ideas pol√≠ticas ni las leyes¬†son art√≠culos de fe¬†inmutables,¬†y (3) que la democracia consiste en dialogar en el marco de las reglas de juego recogidas en la legislaci√≥n vigente.


S√°bado, 2 de junio de 2018